Habla menos, y actúa más
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«Ya verás el año que viene, me voy a poner más fuerte que el vinagre», «en cuanto acaben las vacaciones, dejo de fumar», «la semana que viene empiezo dieta de nuevo, se me va a quedar el cuerpo de Jennifer López«. Cuántas y cuántas veces habremos oído frases similares con las que acabo de ilustrar el inicio del artículo, o cuántas veces somos nosotros mismos los que nos lo decimos con la esperanza de que al manifestarlo, se haga más real aquello de lo que no estamos seguras o seguros de que podamos hacer.

Vivimos en una sociedad en la que parece difícil cumplir algo que se aleje de lo normal. Parece que los propósitos que nos marcamos, que no son imposibles, los vemos como tales antes de comenzar. Nos auto-engañamos constantemente intentando convencer a nuestra mente de que en breve nos pondremos a cambiar aquello que ahora no nos gusta. Es curioso el mecanismo, pues es evidente que no estamos mentalizadas/os para conseguir un determinado objetivo si no hacemos más que postergar su consecución. Aunque es cierto, que puede que situaciones coyunturales nos impidan ponernos manos a la obra a cambiar algo que no nos guste, la verdad es que la mayoría de las veces estamos aplazando su consecución, sencillamente porque no nos lo creemos…y porque también es difícil y duro trabajar para conseguirlo.

¿Qué está ocurriendo actualmente?

La sociedad líquida actual en la que vivimos, predominado por sentimientos hedonistas y del disfrute del ahora, y de falta de conciencia de lucha por lo que queremos conseguir el día de mañana, hace que el tipo de pensamientos derrotistas sean muy comunes en sujetos de nuestra cohorte generacional.

Confiamos en que algún golpe de suerte cambie nuestras vidas, que el destino nos ponga en nuestro sitio, o que nos devuelva lo que la vida nos debe. Pero, aunque no negaré que la vida tiene un importante componente de azar, como no seamos nosotras o nosotros los que nos pongamos a trabajar en una dirección adecuada para lograr lo que realmente queremos, será complicado que nuestra vida cambie. Por supuesto que nos puede tocar la lotería, pero honestamente, ¿qué porcentaje de gente le toca el suficiente dinero para que le solucione la vida?…tan insignificante que confiar en que nuestro plan de vida se supedite  a hitos similares, es una auténtica locura.

No negaré, que podemos fracasar y lo haremos muchas veces, en los propósitos que nos marquemos. Fallar no es algo grato, ya lo sé. Pero que el fallo no sea un impedimento para conseguirlo, que asumamos la posibilidad de que puede ocurrir, pero no cejemos de seguir luchando por conseguir lo que queremos.

Ésto, tiene más relevancia en los tiempos actuales de lo que puede parecer. Un estudio realizado por la investigadora Hanna Swida-Ziemba en los jóvenes polacos, se sacó una serie de conclusiones poca alentadoras en este sentido. La mayoría de los mismos, no combatían activamente por lo que querían básicamente por el miedo a fallar, por invertir esfuerzo en una empresa en la que no existía certidumbre absoluta de poder triunfar en la misma. Parecían resignarse en que la suerte o las hebras del destino les encontrase y les ofreciera las oportunidades de las que se consideraban garantes por simplemente haber nacido.

De hecho, hasta estaba mal visto plantearse proyectos serios a largo plazo, que el disfrute del ahora es lo único que merecía la pena, y que su yo del mañana ya decidiera. No critico dicha actitud, simplemente es el modelo ciudadano perfecto que quiere el sistema capitalista, alguien que esté dispuesto a cambiar su yo actual (con todo lo que significa) sin dudar ni un momento, siendo la presa perfecta de la moda del momento, necesitando consumir y comprar para ser socialmente aceptado y ser «cool» y guay.

No es distinto tener esta forma de pensar, pues es la mentalidad predominante de la cohorte generacional de los 80 hasta día de hoy, y es algo que se ve meridianamente claro a medida que indagamos en la literatura sociológica y psicológica de los últimos años (Bauman, Bordieu, Fromm, Ulrich Beck). Lo único, que como decía Ortega y Gasset, creemos que lo «normal» y lo que el sistema dicta como convencional, es lo propio de una generación anterior.

actúa

Los valores de nuestros padres y abuelos, nos huelen a anticuados y a poco prácticos, porque atentan contra nuestra libertad…una libertad que no tenemos ni herramientas para disfrutar plenamente, y que no podemos saborear sosegadamente porque vivimos en un mundo en constante cambio, una vida plagada de dudas y de incertidumbres futuras porque en el fondo sentimos ansiedad porque hay algo en el fondo que no nos encaja, y que dicho modelo no nos hace felices. Creemos que es lo que debemos hacer, asumimos como nuestros los valores inculcados por el sistema que enmascara el individualismo y el egoísmo como «libertad». Separados, luchando por lo nuestro, somos más débiles, más manejables, atentos a nuestras demandas propias dejando en segundo lugar todo lo que tenga que ver con nuestras necesidades.

Entrecomillo libertad, y con esto amplío más la idea de las desvirtuación de la misma en esta sociedad, porque pensamos que podemos ejercerla en plenas condiciones. Y es normal que lo pensemos, pues es lo que esta sociedad nos promete libertad de decisión permanente en esta «democracia» en la que vivimos. ¿Se puede ejercer plenamente el sentimiento de libertad cuando estamos constantemente condicionados por nuestra capacidad económica para llevar una vida digna? Cuando entramos en una espiral de vida mundana debido a la falta de planificación vital, y vemos que entramos en el túnel de «hipoteca, letra del coche…»(no los critico en absoluto, y me parece loable querer tener casa y coche, pero siempre y cuando realmente lo queramos y asumamos sus consecuencias), estamos condenados a tener que trabajar por un salario pocas veces suficiente para tratar de hacer frente a los pagos.

Mas, tras esta dosis de realidad, cuando nuestras otras expectativas que nos ponemos no se logran dado a que estamos bombardeados constantemente con fabulaciones de modelos de vida perfectos (programas de famosos donde se deifica a los mismos por ocupar la cima del éxito social), no es descartable que empiece a aflorar patologías psicológicas como la depresión o ansiedad, que por desgracia ya estamos más que acostumbrados a conocer a gente que las padece, trivializando y banalizando sus efectos y orígenes.

De todos modos, no es nada quererse a uno mismo, de hecho es necesario. Pero no debemos olvidar que convivimos con muchas otras personas, que si tuvieran un modelo de vida como el nuestro sería una jungla despiadada (que es parecido a lo que es ahora) en la que cada uno mira por sus intereses. Si vivimos atentos también a los sentimientos ajenos, tratando de actuar con el prójimo como nos  gustaría que a nosotros nos trataran, sin duda nos iría a todos mejor.

Cuando vemos que trabajadores de la fábrica se manifiesten por su precariedad laboral, y no vemos como nuestro el conflicto (aún teniendo problemas reales muy similares) pensando que es su problema y que ellos mismos se las apañen, tampoco esperemos que nadie nos ayude cuando estemos en una situación similar, ¿qué legitimidad tendremos entonces de implorar su apoyo cuando nosotros somos los primeros que nos quedamos en casa viendo la tele en vez de luchar activamente cuando los demás nos necesitan?

Todo lo anterior mencionado, que aunque me haya ido poco del tema inicial, sirve para contextualizar el momento en el que vivimos y cuál es la tendencia de afrontar los retos en la sociedad actual. Sed fuertes y resolutivos en vuestros objetivos, escoged (como decía J.P Sartre) bien vuestra elección de elecciones y caminad por el camino y senda que os marquéis.

Si queréis cambiar algo, y estáis decididos, el momento es ahora y no mañana. Compartir una foto del Facebook con una frase vacía que comulgue con lo que pensamos o queremos no sirve, posponer nuestros objetivos al mañana sin motivo que nos imposibilite hacerlo ahora, no será de ayuda. Tampoco los me gustas recibidos a una publicación de mañana adelgazo nos ayudará. Puede que al principio, nos alegre y nos haga sentir queridos al recibir el apoyo virtual de vuestro círculo de amigos…pero cuando apaguemos el ordenador, nos vayamos a la cama a descansar, ¿de algo ha servido ésto para cumplir nuestros objetivos? Puede que sí, pero puede que sentido contrario, ya que habrá contribuido a que la sensación de afecto momentánea que nos aporta, mitigue el malestar por no hacer lo que queremos hacer, y sigamos postergando nuestras metas.  ¿O acaso la frase de Paulo Coelho será la responsable de hacer el trabajo que nos toca a nosotros? No confundamos la motivación que nos puedan insuflar, con la autocomplacencia que nos pueden provocar al leer lo queremos hacer.

¿Quieres ponerte realmente en forma? No hay mañana, planifica tu día, busca en ejercicios en casa o en otras web deportivas, apúntante en un gimnasio o escoge el camino que más te gusta. Pero no digas, mejor la semana que viene que ahora estoy cansada o cansado. La semana que viene será otra excusa, y a la siguiente otra diferente….lo que se traduce en no acabar haciendo lo que nos gustaría.

¿A qué esperas? El momentos es ahora, es hoy.

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Habla menos, y actúa más
Author
EjerciciosEnCasa

Publicado por Juanma

Amante del deporte de fuerza y del entrenamiento funcional en general